lunes, 20 de febrero de 2012

A los hombres que más quise. Parte II.

Si supiera que ésta fuera la última vez que te vea salir por la puerta, te daría un abrazo, un beso y te llamaría de nuevo para darte más." (Gabriel García Márquez)

¿Cuál fue la distancia exacta para perder aquellos besos? ¿Y para conseguirlos? ¿Cuánto medía el cristal que separaba tus manos de mis manos? ¿Qué recorrido había que tomar para dar la caricia más eléctrica? ¿Y la longitud para alcanzar un sueño? ¿En qué cifra comenzaron nuestras miradas a hablar? ¿Y el momento que convertí tu suspiro como mi necesidad vital? Además también, ¿conoces el punto donde nuestras palabras se silenciaron? ¿Fuiste consciente del existente para enamorarme de ti? Y, el mejor, ¿qué camino extenso hay que andar para olvidarte?
Sólo te diré: 2 centímetros.
20 milímetros miden las preguntas que planteo. Las respuestas que pienso. Que te pienso.
Pero… ¿Cuánto mide el miedo? ¿El temor al fracaso? ¿La derrota? ¿Qué espacio existe entre mis lágrimas y el suelo? ¿Qué medida tiene la longitud de la tristeza? ¿Y el abismo entre el bloqueo y el fin? ¿Sabes en qué escala numérica está la flaqueza?
Yo sí.
Ahora, déjame que sólo te diga: LEJOS. Mucho más lejos de 2 centímetros. Inexistente.
Y sabes que mis retos no alcanzaron jamás los 162. Son grandes, pero no tanto. Ninguno me supera, ni el de escribir (¿te acuerdas?)… y a día de hoy, el de dejar de necesitarte menos.
Ya no siento como aquel verano, pero sigues siendo la persona a la que más quiero este invierno.
Nuestro final fue tan sólo el principio de algo mejor.
Contigo supe qué era enamorarse, D. No me faltes nunca.

A los hombres que más quise. Parte I.

Te fumabas mis besos en cada amago de portal que veíamos a nuestro paso, mientras mis ojos buscaban unas estrellas que no estaban. No estaban, pero tú dibujabas (¿recuerdas?). Tenía en mi espalda un par de abrazos que no me soltaban y un escalofrío que sólo llegaba a cada siguiente ronda de cerveza que te quedaba por invitarme –emborracharme con tu risa en la oscuridad fue de los mejores excesos que he cometido-. Pintaba hojas en blanco –era hoja en blanco- con cada palabra que salía de tu cuerpo y coloreaba las noches con el naranja escondido entre mis pestañas. 
Para ti, siempre. 
Cantábamos canciones que otro hizo darnos alas e imaginábamos las mismas historias, tuyas y mías. Iguales, pero diferentes. Deteníamos nuestras chispas al mismo tiempo que, desde esas rastas, te traía a mí. 
A mí. 
Conmigo, que no te dejaba ir. 
Que no quería que te fueras. 
Que me dejaste. 
Y aún seguía cada viernes esperando a que me cogieras de la mano como lo hiciste aquél… aunque esa vez, tuviera que volver a tirar de sueños.
Rememoraba unas conexiones en conversaciones tras encontrarnos con la Luna Llena (“Algo grande va a pasar esta noche…”) Nos sentíamos tan unidos a la orilla del mar que, parecía prácticamente imposible que alguien fuera capaz de separarnos.
Nunca lo imaginaríamos.
Y menos, que fuéramos nosotros mismos.
Aún recuerdo cómo apostábamos al 2 para ser 1 y prometíamos ser canciones en la nota Sol.
Sol, que dejó de salir.
Tejíamos entre nuestros dedos la auténtica piel que latía y rozabas con tus mejillas estas manos con las que te rogué que jamás partieras. “Quédate, que te he encontrado” gritaba.
Anclábamos nuestros ojos a un celeste que volvía a pintar de mi naranja cada oscuro y me llamabas Universo antes de dormir. Llegó un momento que no me sentía ni siquiera (en) Tierra.
Te tarareaba eso de “Si llueve, yo me mojo, ¿cómo no me voy a mojar? Pa’ una vez que llueve, yo miro hacia arriba sin cerrar los ojos…” justo en el momento que me diste el primer beso. Para mí, todo cambió.
Menos los meses posteriores, que mi mundo se parecía a una ausencia que seguía igual. Y llovía, y miraba hacia abajo, cerraba los ojos…
…y ya nadie me besaba.

sábado, 18 de febrero de 2012

Antes de rendirnos, fuimos eternos.

Nos duele tanto separarnos porque nuestras almas están unidas. Es probable que siempre lo hayan estado y que eternamente lo estén. Quizá hayamos vivido mil vidas antes que ésta y nos hayamos encontrado en cada una de ellas. Y hasta es posible que en cada ocasión nos hayamos dividido por los mismos motivos. Eso significa que este adiós es a un tiempo un adiós de diez mil años y un preludio de lo que vendrá.
Cuando te miro, contemplo tu belleza y tu gracia y sé que han crecido con cada mundo que has vivido. También sé que te he estado esperando durante todas mis existencias anteriores. No buscaba a alguien como tú, sino a ti, pues tu sonrisa y la mía están destinadas a estar juntas. Y sin embargo, por razones que escapan a nuestro entendimiento, nos han obligado a despedirnos.

Me gustaría decirte que todo se arreglará entre nosotros, y te prometo hacer lo que esté en mis manos para que así sea. Pero si no volvemos a vernos y ésta es una verdadera despedida, sé que nos reencontraremos en otra vida. Volveremos a descubrirnos, y aunque las estrellas hayan cambiado, no nos amaremos sólo por esa vez, sino por todas las veces anteriores.

jueves, 9 de febrero de 2012

Interior

¿Alguna vez en tu vida has tenido una gran historia de amor?
No un amor de ir de bares o de ir de excursión, un amor de los que se te agarra dentro y parece que no puedes respirar... 
...pues yo sí.
De ese gran amor uno no se olvida en la vida. Y llega un momento en el que no sabes por qué se acabó y sólo recuerdas que es tu gran amor.
Entonces aparece y crees que todo es posible, que ese puede ser el momento en que funcione...
...pero claro, se me olvidaba que lo mío con él no funciona y que no funcionará nunca... por muy gran amor de mi vida que sea... porque ya pasó.
Tenían razón mis amigos, mis padres, todo el mundo. Que me equivoqué, como en un espejismo, pero creo que tengo derecho a equivocarme, aunque vaya y vuelva millones de veces y os vuelva locos. Y creo que todo esto me ha hecho madurar.
Lo siento…

martes, 7 de febrero de 2012

Amor en guerra

Dices que necesitas paz, que algo como esto acabará volviéndote loco. Sí. No te arrebato razón, puede que la tengas... sólo que mis sentimientos van por otro camino. Cuentas lo cansado que estás.
Paz.
Y tus palabras tatuadas en la espalda. Mi espalda. Puedo recordar cómo andábamos a susurros y corríamos a gritos. Cuando volcábamos frenesí sobre sedas y desgarrábamos la piel con sudor. Pienso en miradas de furia y de incomprensión. En terremotos por angustias y tormentas por anhelo. En mareas calmadas por tu voz y libertades por nuestra presencia. En el máximo de mí y el mínimo de ti. Elevado sentimiento. Baja razón. En tus grandezas... y mis pequeñeces. En agonías y tristezas profundas. En aquel silencio con tanto ruido... y en aquel ruido con permanencias de bocas cerradas.
Creo en la veracidad de aquello que se mueve, en la autenticidad de aquello que nunca muere.
Sí, estás buscando paz...
...pero también rechazando vida.

lunes, 30 de enero de 2012

Mis palabras

Hablo sobre pequeños detalles, sobre los reflejos del miedo,
sobre el guiño añadido que alivia y la sonrisa que todo lo aclara,
sobre preguntas equivocadas que buscan respuestas acertadas,
sobre lo aleatorio, sobre la incertidumbre en un mundo de normas,
sobre lo sutil y su hermano tonto el denso,
sobre la palabra de más, sobre la fuerza intangible,
sobre la pieza que se perdió por el camino,
sobre la hora de sueño que me falta.
Hablo sobre amores que conducen sobre línea discontinua,
sobre agricultores de vida sin receta ni librillo.
Hablo sobre meter los pies en el barro sobre un mundo asfaltado,
sobre verdades absolutas que mienten engaños,
sobre banderas que redibujan cada día sus trazados,
sobre lágrimas,
sobre egos de ombligo con dorados bordados,
sobre la edad inacabada, sobre la tecnología del girasol,
la espiral del caracol, sobre la duda tozuda que nada resuelve,
sobre guerreros sin espada y el afilado labrador.
Hablo sobre mí y los de mi raza,
no hablo de pieles, sino de SOÑADORES, devoradores animados y metepatas,
hablo sobre mochilas en espalda que pesan mucho y no llevan nada,
hablo sobre el presente del paso y la zancadilla del pasado,
hablo sobre lo minúsculo, lo diminuto, lo que aparentemente no está...
...pero al final es lo que decidirá hacia dónde se inclinará la balanza.

miércoles, 25 de enero de 2012

21 años

 21 vueltas al Sol y todavía no le he terminado la bufanda.
Al Sol, que yo le haya dado 21 vueltas le da igual, pero a la Luna no.
La Luna es tan poderosa como el Sol, pero de un poder más sosegado. La Luna guarda secretos y el Sol siempre ha sido más indiscreto... El Sol y la Luna, la realidad, la realura...
A la Luna no se le olvida que yo le acompañé cuando más sola estaba, y aunque ya me sabía de memoria el show, nunca dejaba de ver su obra.

21 vueltas al Sol y todavía no me he dejado llevar por la consciencia. Y que conste que no me da vértigo, que no le temo a las curvas... Lo que pasa es que soy así, y así es como me cuentan mis letras. Me descubro en ellas y en ellas me pierdo y por ellas y con ellas me transformo, por eso este blog es como esa caja donde uno guarda aquellos tesoros: unas fotos, un fósforo de madera con una declaración escrita con letra diminuta, una púa de guitarra, una carta, un "te espero"...

De la primera historia a la última hay un Universo entero, imperfecto y glorioso, sorprendente y zalamero, ingenuo e iluso, pero siempre verdadero, y sin embargo después de todo... sigo sin sentirme llena.

Quiero agradecer a la Luna que me tocara con su dedo, que me hiciera amante del arte, que me diera la sed eterna de la duda y de la búsqueda y que me pusiera en la vida con una herida que no se puede cerrar si no es componiendo.
Que me pusiera ejemplos sin templos y que me hiciera sensible al color y al tacto del viento... y al dolor de los otros. Y que me hiciera guerrera, pero también me diera la capacidad de seguir riendo.

21 vueltas al Sol son las que te cuento. Cuentos, eso es. Yo escribo cuentos.

martes, 24 de enero de 2012

Mi guerra mundial

Dicen que ahí fuera hay guerra desde nuestro último beso. También cuentan que eso de que me hicieras daño desencadenó la batalla entre el bando decepción y confianza.
Dicen que dicen. Yo digo que digo, y desde esta trinchera, me protejo de esas miradas abrasadoras que apuntaban directas a mi ser. Siempre supiste dónde dar para alzarte con la victoria.
No has dejado de saberlo.
Dicen que ahí fuera hay guerra desde nuestra última palabra sentida. También cuentan que mi cobardía aún te quiere.
Dicen que dicen. Yo digo que digo, y desde esta trinchera con sabor a exilio, te disparo. Disparo directa al recuerdo dispuesta a destruir los restos de nuestra historia que quedan aquí.
Y si te atreves a recordarla, mírame la piel. Tus huellas se borran y mis pinturas crean un mapa rumbo a una risa que no provenga de tu voz.
¡Cuidado! Acabo de lanzar una bomba en forma de olvido a tus pies. Y, esta vez, mi mano no va a estar -siempre- para agarrarte.
Si caes, llora. Sacúdete las heridas, arrástrate y pide auxilio. Yo no dejé de hacerlo.
Esto es la guerra, y como ya sabes, en el amor y en ella, todo vale.
Eso fue amor, y como ya sabes, yo di todo.
Pero no todo valió.

Verbo OLVIDAR

Aprender que agarrarte las manos como las ansias para saltar sobre un verbo que me duele, no es más que un absurdo intento de evitar la caída más dura que he tenido en mis 21. Años, no centímetros que quisiera notar como separados en dos. De los dos.
Volar sobre las siete letras que conforman una palabra sabiendo que yo siempre floto más y que tú… tú siempre rozaste con más facilidad la comprensión de mi escritura.
Te prometo que yo un día no me propuse ser trovadora y recitarte mis poemas, sólo soy una soñadora que dibujó en abecedario aquello que sentía por ti. No me culpes –no te culpo- de tener tu alma tatuada a base de frasecitas que, no te dicen que te quieren… pero lo lees entre líneas.
Deshacerme de esta pluma que corre más que mis dedos para contarte a pleno pulmón que, me gusta imitar tu voz por las mañanas para tener la esperanza de volver a hacer sonar mi risa y verme adicta a ella. Re-enamorarme de ella. Lo estoy consiguiendo, pero la iLUsión, sin LU, no suena igual. Tampoco sin ti. Mierda, he vuelto a caer en la rutina de pintar sobre hojas. Dame pie(l) –no alas- y podrás navegar sobre los capítulos de mi garganta.
Nada funciona si no paso por tinta tus pasos sobre mi interior que gritan. Gritan que hoy he vuelto a soñar contigo y que estas heridas, no las tenía antes de dormir.
Ahora vuelo sobre Lunas que me cuentan cuentos en los que no apareces pero yo, yo siempre te nombro para que no te olviden. Ya sabes que siempre salté más alto que tú sobre ese verbo. Ese miedo.
A ti OLVIDAR, se te da mejor que a mí.

miércoles, 18 de enero de 2012

Por ser como eres

No voy a decir eso de: “No eres tú, soy yo” porque sería mentira. Eres tú. De hecho, por ser como eres, has convertido nuestra relación en una colección de momentos olvidables y tediosos. Porque eres una persona destructiva, huidiza, autocompasiva y pusilánime. No quieres crecer, no quieres disfrutar, no quieres explorar. ¡Y en la vida hay que improvisar para sentirse vivo! Hay que dejarse sorprender, cambiar de planes.
Pero tú no, tú todo lo cuentas, lo calculas, lo mides, lo pesas, lo cronometras. Y cada vez que miras el reloj, se me revuelve el estómago. ¿¡Qué es eso tan apasionante a lo que pareces llegar tarde a cada minuto!? ¿Me quieres contestar?
Espérate que a lo mejor no es justo decir que eres tú. Puede que también sea yo.
Sí, puede ser…
Pero soy yo por dejarte ser como eres. Soy yo por no haber dicho antes que me faltaba el aire. Soy yo por pretender creer que las cosas iban bien cuando siempre han ido rematadamente mal. Soy yo por no escuchar a mi piel cuando me decía una y otra vez que le repugnaba la tuya.
Sí, mi piel odia a tu piel, y esto es algo químico… algo que no se puede controlar. Porque para empezar, una piel nunca se equivoca, no tiene capacidad para juzgar, son solo células que sienten. ¿Lo entiendes?
Una piel no sabe si el dueño de la otra piel es gilipollas o no. Sólo sabe ser piel, y nada más que piel.
Y te decía que soy yo, por haber sido como tú. Soy yo por haber renunciado a mí. Soy yo por haber dejado de vivir por mí para morir contigo lentamente.
Por eso comprenderás que me tenga que ir. Ninguno de los dos se merece estar pasando por esto…

martes, 17 de enero de 2012

El silencio del corazón

Aquella mañana, no sé en qué momento, intuí que lo que sentí por él, lo que me atrajo hacia él, no había sido amor. No lo fue nunca. Era algo más profundo, más difícil de explicar. Tenía que ver con el deslumbrante y hermético principio de la vida. O tal me pareció entonces.
Quizá lo que lo explique sea que poseemos un repertorio de sentimientos corto, y un vocabulario más corto todavía. Y aquello también se llama amor.
En cuyo caso, SÓLO aquello es amor.

viernes, 13 de enero de 2012

En este mismo instante... en la ciudad.

En este mismo instante alguien se despierta en la ciudad y alguien cierra sus ojos para dormir o para soñar o simplemente para no ver su realidad. Alguien espera en una esquina, y alguien camina sin rumbo calle abajo. Una pareja discute y un ejecutivo corre hacia su puesto de trabajo. En este mismo instante alguien se besa bajo la tenue luz de una farola. Alguien mata y guarda su pistola. Una mujer enciende su gramola y aquella vieja canción no la hace sentir tan sola. Un anciano dice hola y un recién nacido dice adiós, o hasta nunca, o hasta siempre, mientras alguien de repente siente que una vida crece en su vientre. Una chica se despide de su novio en un andén mientras se sube a ese tren que acelera trepidante. Alguien distante, bucea en vasos de vodka, uno tras otro y otro, y otro, y ya van doce. Una niña se mira en un espejo y apenas se reconoce. Un marido se corre en la boca de una mujer que no conoce. En este mismo instante un estudiante cierra un libro y sabe que lo aprendido le hace sentir más sabio y también más confundido. Una mirada se cruza entre dos desconocidos que si se hubieran conocido serían el uno para el otro. Alguien vende su cuerpo y alguien compra medicamentos para perder parte de él. En este mismo instante, un chico rico se mete un pico para sentirse a salvo y un chico pobre se mete en un equipo para ser como Cristiano Ronaldo. Alguien halla resguardo en el sueldo de un trabajo fijo, y alguien en un crucifijo y alguien en el cobijo de un cartón que sirve de escondrijo. En este mismo instante un hijo ejemplar es feliz comiendo regaliz y una madre sabe que su amor no será barniz ante otra cicatriz de su hijo problemático. En este mismo instante, alguien abre un regalo y alguien un bote de barbitúricos. Alguien abre su mente, y alguien sus piernas. Alguien dice, "no me dejes nunca", y alguien dice, "no quiero que vuelvas". En este mismo instante, alguien da un abrazo y alguien un puñetazo. Alguien está sintiendo los ojos del rechazo por ser demasiado oscuro, o inteligente o gordo o afeminado. Alguien anda abandonado con la mente perdida y alguien se siente perdidamente enamorado. En este mismo instante, un presidiario charla consigo mismo tan solitario. Una familia numerosa se sienta a cenar y lo único que se oye es el telediario. En este mismo instante, alguien está viviendo su más mágica experiencia y alguien sube a una ambulancia de camino a urgencias. Alguien está dando clase, alguien tumbos. Alguien está dando las gracias y alguien gritos de socorro. En este mismo instante, una pareja folla apasionadamente y un ejecutivo sale de su puesto de trabajo. Alguien sigue esperando en esa esquina y alguien camina sin rumbo calle arriba. En este mismo instante, alguien se despierta y alguien cierra sus ojos en la ciudad.

sábado, 31 de diciembre de 2011

El año de Lu...ces

"Quiero creer que voy a mirar este nuevo año como si fuese la primera vez que desfilan 365 días ante mis ojos." (Paulo Coelho)
Quizás uno de mis propósitos para el nuevo año debe ser no esperarme al día antes de un viaje para hacer la maleta y, reordenar todas esas prendas que conforman mi equipaje cada día de mi vida. Pero qué le voy a hacer si mañana ya me marcho por 365 días nuevos y yo todavía tengo todo esto esparcido por el suelo de mi cuarto…

Abro la maleta y observo fielmente el hueco que tengo. Me gusta saberme con un alma tan grande dispuesta a recoger los sentimientos vividos en el 2011.
Miro fijamente las paredes de mi vida y están llenas de amor. Cuelgan en recuerdos, en canciones, en palabras, en gestos y en miradas. Huelen a ciudades de mar, a poesías de silencio y a miradas entre letras. Me saben a cafés matutinos, a documentales de madrugada y a risas de estación. A GANAS de arrasar. Creo que esta prenda va a ocupar mucho espacio en mi maleta, así que prefiero llevarla siempre puesta en contacto con la piel.
La piel del corazón.
Y recordarle, cada vez que lata fuerte, que un Enero alguien le puso nombre a mis sonrisas y mis ganas de vivir. ¿Verdad, Rafa?

Ayúdame tú a seguir embalando el equipaje, anda. Sabes que siempre te he recordado que hay que querer a los que nos quieren… tú y yo vamos a ser los encargados de cerrar esta maleta para el 2012. ¡¡Ahhh, se siente…!! No haberme acompañado por todo éste que hoy dejamos atrás.

¿Tienes papel de burbujas? Voy a meter en el fondo de la maleta mi bien más preciado. Pesa mucho, y con el paso de los años, más. Son como amuletos de la suerte que se van recargando con la Luna Llena de buenas energías. A mí me hacen sonreír siempre, y si los tengo cerca, nada me va mal.
Cuando lloro o me agobio, los rozo… y la tranquilidad me recorre la tripa con un “Todo va a ir bien”.
Vamos a protegerlas bien, son las joyas más bonitas y no quiero que se rompan en mi vida. Laura, Silvia, Belén, Blanca, Lucía, Iván, Mire y Dani brillan tanto que a veces pienso que la luz(ía) de mi nombre, la dan ellos.

¿Sabes si hará mucho frío el próximo año? Aunque invada el calor más potente, no voy a deshacerme de aquellos que hacen de los momentos que me cortan la respiración por las heladas, cálidos instantes. Alejandra me abraza con su magia, Verónica me recuerda que siempre hay un sol que derretirá el hielo de los momentos más oscuros, Raquel quema con el flash de su mirada cualquier síntoma de dolor y Joan, me hizo saber que puedo cambiar la existencia de alguien tan sólo siendo yo.

Los tacones me los llevo, nunca sabes si una noche por Madrid vas a salir con Carol. También vamos a guardar bien ese anillo, Ana ya sabe de cuál hablo. Mi camiseta preferida que no falte, no olvido el momento que Bea me la regaló y alcánzame ese pantalón hippie, por si tengo que acompañar a Nuria a comprar gofres de madrugada.

Vamos bien de ropa, ¿no? Tenemos abrigos que me abrazan cuando todo se desmorona, tengo la suerte de mi lado, tengo ropa de ser bonita y joyas que no pueden faltar. Cada uno a su espacio. Sin apretujar, pues en esta esquinita de aquí, voy a posicionar las palabras que mamá se silencia cuando me ve llorar, la fuerza de papá por si algún día me falta, la coherencia de mi hermana cuando le invado con la locura, los días que paso con mi hermano para compensar a los que le echo de menos y los abrazos que Coco se lleva cada despertar. A partir de mañana, les entregaré en sus manos todo eso que ellos me han dado durante mis 21 multiplicado por la cifra que deseen. Quizás, la de años juntos que nos quedan para seguir viviendo como la mejor familia que algún destino quiso crear.

Anda, mira, un montón de sueños. Están sobre la almohada. Dámelos. Voy a tatuármelos en la piel como ilusiones que un día me hicieron crecer y, como momentos que, aunque creamos que no se han cumplido… sí lo han hecho. Tan sólo imaginándolos, estábamos viviéndolos. También tengo fotos y flores, no quiero que se me pierdan. Ponlos en el bolsillo, junto a mis notas de Selectividad y las llaves de abrir nuevas metas y cerrar etapas pasadas.

Al lado hay unas gafas de moderna con las que me hago fotos (desde que en Octubre me admitieron en Realización, no se me da tan mal darle al objetivo, ya sabes…). Cuando dejes de probártelas, pónmelas a mí que me quedan mejor. O a Carla. ¿Sabes? Creo que ella ha sido mi salvavidas. Apareció justo el Noviembre que más llovía y me quitó de un soplo el título de “chica que controlaba el tiempo” para darme uno así como… “la que controla las cosas bonitas”. Es cierto que a su lado me hizo muy grande. Y muy sonriente.
Estas gafas se las voy a regalar a ella en el 2012, por las noches que nos quedan por seguir observando juntas.

Revisándolo, creo que ya me faltan pocas cosas para verme dispuesta a caminar por una nueva vida. Y por historias desconocidas que conoceré. Las ganas de descubrir son el candado de este equipaje y la magia por sentirme llena de vida, son las ruedas que hacen rodar un año que, sin duda, ha sido el mejor que jamás podría haber imaginado.

En unas horas sale mi AUTOBÚS. Gracias por venir a la estación a recibirme y no iros nunca.

Os beso, os abrazo y os mantengo siempre…
No voy a dejar de escribiros cartas cada día desde mi destino para deciros cuánto os necesito.
Sí. Quereros, es lo que mejor se me da hacer.
Lucía
PD: El pijama lo guardo en el bolso por si algún día volvemos a rescatar las madrugadas en vela...

viernes, 30 de diciembre de 2011

Inevitable...

Te he querido, tú bien lo sabes.
Te he querido y te quiero
a pesar de ese hilo de luto que me hilvana
al filo de la tarde.
Y tengo miedo.
De la lluvia, del pájaro de nubes,
del silencio que llevo conmigo a todas partes.
Tengo miedo a la noche,
a quedarme encerrada entre alambres del sueño,
a la palabra olvido
y a tus brazos en forma de barrotes dorados.

Miedo a recorrer la casa y saberla vacía,
o a quererte, de nuevo, mucho mejor que antes.
No me abandones en esta larga ausencia.
Recuerda lo que he sido para ti otros inviernos:
el tiempo de querernos indefinidamente,
el mar,
los barcos que llegaban sin muertos a la orilla,
el ruido de las olas al fondo de la casa.
Y el viento,
recuerda el viento, amor, doblando las esquinas.


Inevitable océano - Elsa López

viernes, 23 de diciembre de 2011

La Rabia

Te voy a contar algo…
No hay noche que no le llore. Ni día. Al abrir los ojos al amanecer, mi primer pensamiento es su risa. Y la mía. La de los dos. Hay veces, que ni amanezco con el Sol, simplemente anochezco, pues he estado toda la Luna con lágrimas y pensamientos. Incluso, cuando conciliaba el sueño, estaba él en mi mente. Magia, pensaba algunas veces. Tortura, otras.
He hecho vida. He hecho días. Olvidé mi nombre para bautizarme con el suyo. Creé una imagen de su presencia a mi lado y, todos mis amigos, le conocieron. A veces me asusto y pienso, que saben más de sus gustos que yo misma. La fuerza de las palabras, ya ves. Si hablas con pasión, con pasión se siente.
Mis estudios ocupaban mi tiempo. Pero no más que mi necesidad de tenerle. El lunes me sentaba en una silla con la intención de escuchar a un profesor que, hablaba de Cine y, sin embargo, yo siempre creía que esa historia era la que podríamos tener si viviéramos una juntos. Después llegaba Montaje, e intentaba volver a reconstruir lo que un día sintió. También Sistemas, donde las teorías de la Luz para mí ninguna era válida... excepto la que él creó apareciendo en mí. Te podría hablar de todas mis asignaturas de Lunes a Viernes, y también, te podría decir que todo se resumía a quererle. Llegaba el Sábado y mi fuerza bruta quería arrasar al olvido. Música, alcohol y humo creí tener como aliados. ¿Sabes quiénes fueron mis únicos amigos? Los recuerdos. Chillaba con el frío y casi resaca los “Te echo de menos”. El Domingo con dolor de cabeza, no quería ver a nadie. A nadie, excepto a sus imaginarios ojos. Ni recibir llamadas. Ninguna, excepto la suya.
En mis horas de transición, caminaba, daba un paso, me tropezaba y ya sentía mi mano en el bolsillo rozando un móvil para contarle. Para llorarle y, saber, que me iba a levantar. Había momentos, que las voces del mundo me contaban las cosas más graciosas de éste, donde yo acababa con dolor de panza y, mi propósito, acababa en unos dedos con intención de escribirle que había vuelto a sonreír… y pensaba en él.
No me sobraban minutos, pero los inventaba. Los empleaba para mirar fíjamente mi teléfono pidiendo un mensaje, un “qué tal”, un nombre que parpadeara y tuviera ganas de escuchar el tono de mi garganta.
En mis horas libres de libro a libro, de carpeta a carpeta, miraba sus fotos. También las mías. Me odiaba enormemente por no haber actuado como quería. Por no haber podido celebrar tener una ahora de los dos.
¿Sabes qué más? Dejé de ir a la estación porque me dolía saber que mi tren había pasado. Demasiado peso tenía dentro de mí la dicha para también, verla físicamente con mi mirada. Murieron mis esperanzas de un futuro, pero, te prometo que no me dolía (tanto)… le veía feliz.
Yo también lo era.
Qué utópico. Antes me dicen esto, y no me lo creo… pero te juro que aprendí a sonreír con sus sonrisas. Después lloraba, pero en silencio, sin que él lo supiera.
Me mataba a preguntas, y la máxima era: “¿Se habrá olvidado de mí tan pronto? ¿Aún me pensará?”.
Respiraba, pero también muchas veces me faltaba el aire. En todas esas, soñaba con que pudiera dármelo él con palabras tranquilizadoras.
He temblado y me he sentido muy sola. Su recuerdo me aliviaba. He pasado ratos en el hospital donde me pinchaban tranquilizantes y, ¿sabes quién es la única persona en la que pensaba? En él.
Comencé a participar en debates donde, mi gente, hablaba de amor. Yo el amor lo definía con sus iniciales. Porque sí. Porque soy Leo, exagerada y extremista, pero me di cuenta de que esto me movía mucho más de la cuenta. Que no podía definirlo… sólo si no le nombraba.
A veces me daba mucho miedo creer vivir en una obsesión… pero sé que no fue así. Su presencia no estaba en mi cabeza, sin embargo, me tocaba el pecho y latía fuerte ahí dentro. Muy fuerte.
Tengo imágenes de baños sumergida en llanto, de etapas sin comer porque sólo quería alimentarme de su permanencia y, de noches con sabor a día donde, lo único que decía era: “Olvidarle me va a costar mucho más de la cuenta… porque no quiero hacerlo.”
También, fabriqué miles de textos y palabras inventadas que imaginaba poder decírselas algún día… y no metérselas por debajo de la puerta y salir corriendo. No una vez más.
¿Sabes por qué me ocurrió todo esto? Porque tenía miedo de agobiarle y perderle.
Conseguí lo segundo. Y la rabia.
RABIA, sí, eso es. MUCHA RABIA.
RABIA de escribir este texto en pasado, porque soy el ayer. Rabia de haber tenido la oportunidad de decirle cada día que le quería, que es lo mejor que me ha pasado y no hacerlo. De confesarle que no dejaba de pensar en él ni un sólo segundo, que me imaginaba cómo me daba la mano a cada instante, me tocaba el pelo, el brazo o, me ayudaba a seguir viviendo con ilusión. Rabia de no hacerle ver que mi vida antes de conocerle no tenía esos colores tan intensos. Que ponía la mesa con dos platos y que, siempre que oía el timbre, me daba un vuelco el corazón por si se le había ocurrido la locura de venir a verme por sorpresa. Rabia de no verme sonreír cada vez que esa pareja que tenía ante mí, me anticipaba a nuestro futuro. A cómo le soplaría la pestaña que ha caído en su mejilla mientras los dos reiríamos. Rabia de no susurrarle cada noche qué bonito había sido el día, por muy dolorosa que hubiera sido la rutina, tan sólo por el simple hecho de estar juntos. Rabia, mucha rabia, de no pronunciarle que había disfrutado con ese chiste y que había deseado con todo mi ser tenerlo al lado para sentir su carcajada. Mucha rabia, mucha, de no mandarle un sms escribiéndole que me miraba en el espejo y que estaba mucho más guapa desde que sabía que me quería. Me da rabia no haberle contado que me cruzaba a todos los hombres de mi camino y pensaba que el que tenía a cada hora era el mejor que había encontrado. Me da rabia no haberle cantado las canciones que un día le hice y, entre notas, celebrar el conocernos. Me mata la rabia de no haberle enseñado todas las fotografías que había hecho de los lugares en los que le imaginaba cerca de mí. Me da mucha rabia, mucha, de que yo sintiera (y adorara sentir) todo esto y me lamente, ME DESTROCE no poder habérselo contado en ese pasado que me pertenece…
...y querer seguir contándoselo en un presente que no es mío.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Empapada en lágrimas

"Siempre había entendido que morirse de amor no era más que una licencia poética. Aquella tarde, de regreso a casa otra vez sin el gato y sin ella, comprobé que no sólo era posible morirse, si no que yo mismo, viejo y sin nadie, estaba muriéndome de amor."
Memoria de mis putas tristes - Gabriel García Márquez

domingo, 18 de diciembre de 2011

Carta a los Reyes Magos

Este año he sido buena, intenté sólo dormir contigo.
No pido grandes regalos, que si lo estropeo todo, no me lo tengas tan en cuenta.

sábado, 17 de diciembre de 2011

La chica que controla el tiempo

Alicante desde mi ventana. Viernes 16 de Diciembre. 18:00
El fuego pudo con la lluvia... y esta chica ya no lloró nunca más.

viernes, 16 de diciembre de 2011

SIEMPRE me repito...

...Lucía, mientras otras hablan y hablan, tú callas y callas. Tus respuestas sin palabras.
Mujer tierra. Mujer SABIA.

Mágica

A veces, me gustaría tener más de un corazón para que éste que late, no se me quede tan chiquitito de tanto quererte. Ocupas todo mi ser con tu magia.
La vida baila dentro de mí, Alejandra. Sí, pero la que tú me das.

Yo también recuerdo.

"Cuánto tiempo ha pasado desde los primeros errores, del interrogante en tu mirada. La ciudad gritaba y maldecía nuestros nombres, jóvenes promesas, no, no teníamos nada.
Dejando en los portales los ecos de tus susurros, buscando cualquier rincón sin luz.
"Agárrate de mi mano, que tengo miedo del futuro", y detrás de cada huida... ESTABAS TÚ.
En las noches vacías en que regreso sola y malherida, todavía me arrepiento de haberte arrojado tan lejos de mi cuerpo...
Y ahora que te encuentro, veo que aún arde la llama que encendiste. Nunca, nunca es tarde para nacer de nuevo, para amarte.
Debo decirte algo antes de que te bajes de este sucio vagón y quede muerto, mirarte a los ojos, y tal vez recordarte, QUE ANTES DE RENDIRNOS FUIMOS ETERNOS."
Recuerdo - Ismael SerranoQuizá les haya pasado en alguna ocasión. Quizá, alguna vez, caminando por la calle les pareció ver entre el tumulto de la gente a una persona a la que amaron hace mucho tiempo. Apenas fue un instante, un breve destello de luz, el suficiente como para dejar una quemadura en la retina y en el alma. El suficiente como para dejarte paralizada en mitad de la acera sintiéndote a contracorriente de todo, sin saber muy bien qué hacer o qué decir. Se le llena a una la cabeza de recuerdos, y el caso es que no estás segura de que se trate de esa persona. Primero, porque como digo, fue un breve instante, y segundo porque hace tanto tiempo desde la última vez que os visteis que…
Todos hemos cambiado en este tiempo. Y tú también aunque te niegues a reconocerlo. Y está bien que así sea. El caso es que una queda dudando en mitad de la acera, pensando si no será que una confunde la realidad con el deseo. Quiero decir que quizá sí se trate de esa persona, pero a lo mejor no. A lo mejor una lo desea tanto que lo inventa entre la gente. Desapareciendo y apareciendo, apareciendo y desapareciendo. Y no digo que quedara algo urgente por decir, algo pendiente… Quizá no sea eso, quizá sea sólo un deseo inconsciente, y una sólo quiere encontrarse con él para decirle cualquier tontería. Quizá para recuperar un retazo de aquellos tiempos en los que éramos eternos e invulnerables. Quizá sólo para decir “¿Qué ha sido de ti en todo este tiempo?” “¿Qué fue de nosotros?” 
“¿Qué ha sido de mí…?"

lunes, 12 de diciembre de 2011

Partiendo de cero :)

Respiro un aire nuevo que me dice: "Sé tu misma". Perdemos a personas porque no estamos al tanto, y de nada sirve la emoción cuando ya no hay tacto.
Cuando crees que es el fin, VUELVES OTRA VEZ. Algo duele... pero sigo aquí.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Realidad certera

Cualquier imbécil puede herir a una mujer, pero sólo un hombre grande puede llevársela para siempre.

Recuerdos y recodos

-Dime: ¿vendrás conmigo a ver el alma...?
Llegó a mi corazón una caricia.

-Contigo siempre... Y avancé en mi sueño.
Antonio Machado

Apariencias

En silencio, esa lágrima amenazaba con decirle al mundo que la mujer de acero era realmente de satín.

jueves, 8 de diciembre de 2011

A sus veintiuno

"Era todavía demasiado joven para saber que la memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y que gracias a ese artificio logramos sobrellevar el pasado."
Gabriel García Márquez

martes, 6 de diciembre de 2011

Encarcelada entre (re)sentimientos

Barcelona
"Querida Beatriz:

Espero que te encuentres bien y que seas feliz en tu nueva vida en Barcelona. Durante estos meses no he recibido contestación a las cartas que te envié y a veces me pregunto si he hecho algo para que ya no quieras saber de mí. Comprendo que eres una mujer casada y con un hijo, y que es tal vez impropio que te escriba, pero tengo que confesarte que, por mucho que pase el tiempo, no consigo olvidarte, aunque lo he intentado, y no me da pudor admitir que sigo enamorado de ti.

Mi vida también ha tomado un nuevo rumbo. Hace un año empecé a trabajar como director comercial de una importante empresa editorial. Sé lo mucho que significaban los libros para ti y poder trabajar entre ellos me hace sentirme más cerca de ti. Mi despacho está en la delegación de Madrid, aunque viajo a menudo por toda España por motivos de trabajo.

Pienso en ti constantemente, en la vida que podríamos haber compartido, en los hijos que podríamos haber tenido juntos… Me pregunto todos los días si tu marido sabe hacerte feliz y si no te habrás casado con él forzada por las circunstancias. No puedo creer que la vida modesta que él puede ofrecerte sea lo que tú deseas. Te conozco bien. Hemos sido compañeros y amigos, y no ha habido secretos entre nosotros. ¿Te acuerdas de aquellas tardes que pasamos juntos en la Playa de San Pol? ¿Te acuerdas de los proyectos, de los sueños que compartimos, de las promesas que nos hicimos? Nunca me he sentido con nadie como contigo.
Desde que rompimos nuestro noviazgo he salido con algunas chicas, pero ahora sé que ninguna se puede comparar a ti. Cada vez que beso otros labios pienso en los tuyos y cada vez que acaricio otra piel, siento la tuya.

Dentro de un mes viajaré a Barcelona para visitar las oficinas de la editorial y tener una serie de conversaciones con el personal sobre una futura reestructuración de la empresa. La verdad es que podía haber solucionado los trámites por correo y teléfono. El motivo real de mi viaje no es otro que la esperanza de poder verte. Sé que pensarás que estoy loco, pero prefiero que pienses eso a que creas que te he olvidado.
Llego el día 20 de Enero y estaré hospedado en el Hotel Ritz de la Gran Vía. Por favor, te pido que nos veamos, aunque sólo sea un rato, para que me dejes decirte en persona lo que llevo en el corazón. He hecho una reserva en el restaurante del hotel para el día 21 a las dos. Estaré allí, esperándote. Si vienes me harás el hombre más feliz del mundo y sabré que mis sueños de recuperar tu amor tienen esperanzas.

Te quiere desde siempre,

Pablo."
Carlos Ruiz Zafón - El Prisionero del Cielo

Diciembre

Alicante. Navidades 2011
En aquellos años, la Navidad todavía conservaba cierto aire de magia y misterio. La luz en polvo del invierno, la mirada y el anhelo de gentes que vivían entre sombras y silencios conferían a aquel decorado un leve perfume a verdad en el que, al menos los niños y los que había aprendido a olvidar... aún podían creer.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Mal temporal

Comenzaron las heladas el mismo día que te dije adiós. El meteorólogo proclamó aguaceros en mis ojos y, desde entonces, esta ciudad no deja de maldecir nuestra despedida con paraguas apuntando a las estrellas.
El cielo alicantino se ha transformado en un invierno de tormenta continua. Pero sólo tú sabes el secreto: yo soy la chica que controla las lluvias y volverá a salir el sol el día que sonría. 
Pero, para eso, me hace falta tiempo.
Porque tú... tu ya no.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Conocerte

No me interesa lo que haces para ganarte la vida. Quiero saber lo que ansías, y si te atreves a soñar en satisfacer el deseo de tu corazón. No me interesa tu edad. Quiero saber si te arriesgarías a parecer como un tonto por amor, por tus sueños, por la aventura de estar vivo. No me interesa qué planetas están en armonía con tu Luna. Quiero saber si has tocado el centro de tu pesadumbre, si las traiciones de la vida te han abierto, o si te has marchitado y cerrado por el miedo al dolor futuro. Quiero saber si puedes sentarte con el dolor, el mío o el tuyo, sin intentar esconderlo, desvanecerlo o arreglarlo. Quiero saber si puedes estar con la alegría, la mía o la tuya, si puedes bailar con locura y permitir que el éxtasis te llene hasta la punta de los dedos, sin advertirnos que seamos cuidadosos, que seamos realistas, o que recordemos las limitaciones de los seres humanos. No me interesa si la historia que me cuentas es verdadera. Quiero saber si decepcionas a otros para serte fiel a ti mismo, si puedes soportar la acusación sin traicionar a tu propia alma. Quiero saber si puedes ser fiel, y por lo tanto ser confiable. Quiero saber si puedes ver la belleza, aún cuando no sea bella todos los días, y si puedes originar tu vida desde su presencia. Quiero saber si puedes vivir con el fracaso, el tuyo o el mío, y no obstante pararte a la orilla del lago y gritarle a la luna “¡Sí!” No me interesa saber en dónde vives o cuánto dinero tienes. Quiero saber si puedes levantarte después de una noche de pesar y desesperación, cansado y golpeado hasta los huesos, y hacer lo que se tiene que hacer. No me interesa quién eres o cómo llegaste a estar aquí. Quiero saber si te hubieses parado en el centro del fuego conmigo sin rehuir. No me interesa en dónde o qué o con quién has estudiado. Quiero saber qué es lo que te sustenta desde adentro cuando todo lo demás desaparece. Quiero saber si puedes estar solo contigo mismo, y si verdaderamente te agrada la compañía que buscas en los momentos vacíos...

sábado, 3 de diciembre de 2011

La amante del Círculo Polar

Cuando hace frío, la mayoría de las cosas van más deprisa o llegan antes. Me refiero a las casualidades…
Me encanta que haga frío.

Las llaves robadas

Yo fui la bandida de las llaves de tu barco, descubrí que no era el mío, y lloré frente al timón. Quién me iba a decir a mí que esa vela tan bonita, que esa vela tan preciosa no era la mía, no era para mí. Pero no me arrepiento de nada, tú fuiste mi capitán. No importa si llegamos a puerto, sólo si recuerdas la ola que nos llevaba.

Y hoy entregaré las llaves a esa nueva navegante, nunca contrincante, porque la elegiste tú. Así que alza la vela, coge el timón, sólo te pido: date cuenta Marinera, que lo que ahora tienes es un barco de oro y luz…

…y es que yo fui la bandida de las llaves de su barco, descubrí que no era el mío, y aún lloro frente al timón.

viernes, 2 de diciembre de 2011

A ti

Sólo quiero decirte que... esta noche te echo de menos.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Pasado pisado, pero no olvidado

¿Sabes? A las 9:20 durante un año estuvo dándome los Buenos días, y en sus inicios, me llamaba Princesa. No sé cómo lo hizo, pero me enamoré de él…
Los primeros días me emocionaba sentir sus mensajes matutinos, los segundos días, me ponía el despertador a las 9 para recibirle con los ojos abiertos y no dejar de compartir segundos de vida. Recuerdo cuando dejamos las mañanas para dar paso a las tardes, y también, a las noches. Fue algo impresionante que no te puedo explicar.
¿Sabes? El último verso en forma de beso que dedicaba con la Luna siempre era destinado a su persona… y un día de Junio me vi amaneciendo a su lado. Sé cómo huele su cuello, qué es dormir en su pecho y de qué color son sus sábanas y esas toallas que compra en Ikea. También sé que pone los vasos muy altos para que nadie llegue y que se ríe mucho si te ve saltar para cogerlos…
…pero que se ríe aún más cuando ve que lo has conseguido poniéndote de puntillas como si alcanzaras el cielo… nunca le conté que yo lo rocé cuando empecé a sentir por él.
¿Sabes? Enciende velas e incienso cuando apaga las luces, y se pega mucho a ti cuando pone cosas de miedo con el fin de que no pases temor. Siempre te da la mano. Y no te la suelta, ¿eh? No creas que lo hace… y las mariposas de tu tripa no paran de hacerte cosquillas.
A veces, cuando estás de pie en el salón, te abraza por la espalda sin esperarlo y tú no sabes cómo reaccionar. Pero te lo digo yo: gírate y abrázalo. Abrázalo muy fuerte porque no hay nada más bonito que sentirte junto a su cuerpo.
¿Sabes? Cuando salía de clase, le llamaba para que me acompañara por el camino. Era una forma de hacerle saber que me recogía él. Estaba todo el día ideando miles de planes para que la distancia, ese lastre que él arrastraba, fuera un poco más fácil. Pensé que poner películas a la vez, haría que pareciera que cuatro ojos la observaban y se observaban entre ellos. Que cocinar la misma comida para cenar, era compartir plato en presente, que hacer las cosas cotidianas y haciéndole partícipe a él, menguaría este peso… yo lo conseguí. Yo te juro que lo conseguí: la ilusión por ilusionarle y saber que algún día saldaría todos esos besos que me faltaban, pagaban cualquier ausencia vivida.
¿Sabes? Yo también le pedí que no se fuera nunca, y me prometió que siempre estaría. Al principio teníamos futuro y el botón verde del teléfono me contestaba con un “¿Cómo lo hacemos?” Me llamaba valiente… pero ahora él no sabe que soy una cobarde. Me he vuelto una cobarde que no sabe caminar bien sin agarrarse a él. Cuando te acostumbras a su vida, que ahora es la tuya, es difícil rehacer una nueva. Cuídalo. Cuídalo mucho y agradece cada momento de tenerlo contigo. Es precioso observar cómo duerme y tú pasarte la noche despierta porque llevabas esperando ese momento meses, y meses, y meses… Es cierto si te digo que me arriesgaría a apostar que ha sido el mejor instante de mis 21. Él no lo sabe, estaba soñando… pero a mi lado. A centímetros. Notaba su respiración. Rozaba su brazo. Miraba sus ojos…

¿Sabes? Nosotros teníamos planes, maletas y sueños. Pero yo ahora me he quedado sola con un equipaje demasiado grande. No sé sacar todos estos sentimientos de la bolsa… es como perderte en una estación donde ya ha salido el vuelo y sabes que no retornará. Y me siento idiota. O perdida, mejor dicho.
En mis manos aguardaba las ganas de revolucionar el mundo… aunque para mí, eso empezaba a ser secundario: mi mundo era él.
Te entiendo, te juro que te entiendo cuando te vas a la cama sonriendo tras haber hablado con él, cuando te levantas del mismo modo al recibir su mensaje a las 8 y, sobre todo, cuando sientes que todas sus palabras son para ti. El primer pensamiento del día, eres tú.
¿Sabes? Yo también fui “su niña”, “su peque”… y su presente. Tú no me conoces, pero el pasado me aterra… y ahora me he convertido en el de la persona que más quiero. Creo que eso es lo que me hace estar todavía encerrada en estas heridas que no se cierran. Y haberme transformado en un secreto que nadie sabe… pero, ¿quién soy yo para contártelo? Seguiré siendo silencio.
Seguiré siendo silencio que ama... aunque no le quieran. Aunque tampoco importe.

Ya es Diciembre, dentro de un mes hace un año de todo esto, tan breve, que te cuento. Mi cuerpo se ha habituado solo a levantarse a las 9… ahora nadie le despierta. No hay luces rojas en esta habitación, me saluda el silencio, los vasos de mi casa se alcanzan enseguida y me faltan risas por los pasillos. Por las calles. Por los días.
Mi sofá se ha quedado grande (y esta frase me la dijo también él un día, qué cosas), nadie me da la mano, mi cama está fría cada noche y, lo más duro… de mí sí se fue, aunque me dijera que siempre estaría. Está… con la ausencia.

Sólo te voy a pedir una cosa: no llores. Tú nunca llores por él, bonita, que ya lo hago yo por el resto. Disfruta de qué es saber que siente por ti... del mañana, ya hablaréis mañana. Mi error fue querer adelantarme en vez de cuidarle todo lo que yo sé cuidar a aquello que me late fuerte.
Sé feliz. Sé TODO lo feliz que él me hizo. Y dile “te quiero” SIEMPRE que lo sientas. Es de lo que más me arrepiento ahora que le echo de menos… que me reafirmo en la idea de querer haber dado TODO por estar a su lado...