Yo fui la bandida de las llaves de tu barco, descubrí que no era el mío, y lloré frente al timón. Quién me iba a decir a mí que esa vela tan bonita, que esa vela tan preciosa no era la mía, no era para mí. Pero no me arrepiento de nada, tú fuiste mi capitán. No importa si llegamos a puerto, sólo si recuerdas la ola que nos llevaba.
Y hoy entregaré las llaves a esa nueva navegante, nunca contrincante, porque la elegiste tú. Así que alza la vela, coge el timón, sólo te pido: date cuenta Marinera, que lo que ahora tienes es un barco de oro y luz…
…y es que yo fui la bandida de las llaves de su barco, descubrí que no era el mío, y aún lloro frente al timón.

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