¿Sabes? A las 9:20 durante un año estuvo dándome los Buenos días, y en sus inicios, me llamaba Princesa. No sé cómo lo hizo, pero me enamoré de él…
Los primeros días me emocionaba sentir sus mensajes matutinos, los segundos días, me ponía el despertador a las 9 para recibirle con los ojos abiertos y no dejar de compartir segundos de vida. Recuerdo cuando dejamos las mañanas para dar paso a las tardes, y también, a las noches. Fue algo impresionante que no te puedo explicar.
¿Sabes? El último verso en forma de beso que dedicaba con la Luna siempre era destinado a su persona… y un día de Junio me vi amaneciendo a su lado. Sé cómo huele su cuello, qué es dormir en su pecho y de qué color son sus sábanas y esas toallas que compra en Ikea. También sé que pone los vasos muy altos para que nadie llegue y que se ríe mucho si te ve saltar para cogerlos…
…pero que se ríe aún más cuando ve que lo has conseguido poniéndote de puntillas como si alcanzaras el cielo… nunca le conté que yo lo rocé cuando empecé a sentir por él.
¿Sabes? Enciende velas e incienso cuando apaga las luces, y se pega mucho a ti cuando pone cosas de miedo con el fin de que no pases temor. Siempre te da la mano. Y no te la suelta, ¿eh? No creas que lo hace… y las mariposas de tu tripa no paran de hacerte cosquillas.
A veces, cuando estás de pie en el salón, te abraza por la espalda sin esperarlo y tú no sabes cómo reaccionar. Pero te lo digo yo: gírate y abrázalo. Abrázalo muy fuerte porque no hay nada más bonito que sentirte junto a su cuerpo.
¿Sabes? Cuando salía de clase, le llamaba para que me acompañara por el camino. Era una forma de hacerle saber que me recogía él. Estaba todo el día ideando miles de planes para que la distancia, ese lastre que él arrastraba, fuera un poco más fácil. Pensé que poner películas a la vez, haría que pareciera que cuatro ojos la observaban y se observaban entre ellos. Que cocinar la misma comida para cenar, era compartir plato en presente, que hacer las cosas cotidianas y haciéndole partícipe a él, menguaría este peso… yo lo conseguí. Yo te juro que lo conseguí: la ilusión por ilusionarle y saber que algún día saldaría todos esos besos que me faltaban, pagaban cualquier ausencia vivida.
¿Sabes? Yo también le pedí que no se fuera nunca, y me prometió que siempre estaría. Al principio teníamos futuro y el botón verde del teléfono me contestaba con un “¿Cómo lo hacemos?” Me llamaba valiente… pero ahora él no sabe que soy una cobarde. Me he vuelto una cobarde que no sabe caminar bien sin agarrarse a él. Cuando te acostumbras a su vida, que ahora es la tuya, es difícil rehacer una nueva. Cuídalo. Cuídalo mucho y agradece cada momento de tenerlo contigo. Es precioso observar cómo duerme y tú pasarte la noche despierta porque llevabas esperando ese momento meses, y meses, y meses… Es cierto si te digo que me arriesgaría a apostar que ha sido el mejor instante de mis 21. Él no lo sabe, estaba soñando… pero a mi lado. A centímetros. Notaba su respiración. Rozaba su brazo. Miraba sus ojos…
¿Sabes? Nosotros teníamos planes, maletas y sueños. Pero yo ahora me he quedado sola con un equipaje demasiado grande. No sé sacar todos estos sentimientos de la bolsa… es como perderte en una estación donde ya ha salido el vuelo y sabes que no retornará. Y me siento idiota. O perdida, mejor dicho.
En mis manos aguardaba las ganas de revolucionar el mundo… aunque para mí, eso empezaba a ser secundario: mi mundo era él.
Te entiendo, te juro que te entiendo cuando te vas a la cama sonriendo tras haber hablado con él, cuando te levantas del mismo modo al recibir su mensaje a las 8 y, sobre todo, cuando sientes que todas sus palabras son para ti. El primer pensamiento del día, eres tú.
¿Sabes? Yo también fui “su niña”, “su peque”… y su presente. Tú no me conoces, pero el pasado me aterra… y ahora me he convertido en el de la persona que más quiero. Creo que eso es lo que me hace estar todavía encerrada en estas heridas que no se cierran. Y haberme transformado en un secreto que nadie sabe… pero, ¿quién soy yo para contártelo? Seguiré siendo silencio.
Seguiré siendo silencio que ama... aunque no le quieran. Aunque tampoco importe.
Seguiré siendo silencio que ama... aunque no le quieran. Aunque tampoco importe.
Ya es Diciembre, dentro de un mes hace un año de todo esto, tan breve, que te cuento. Mi cuerpo se ha habituado solo a levantarse a las 9… ahora nadie le despierta. No hay luces rojas en esta habitación, me saluda el silencio, los vasos de mi casa se alcanzan enseguida y me faltan risas por los pasillos. Por las calles. Por los días.
Mi sofá se ha quedado grande (y esta frase me la dijo también él un día, qué cosas), nadie me da la mano, mi cama está fría cada noche y, lo más duro… de mí sí se fue, aunque me dijera que siempre estaría. Está… con la ausencia.
Sólo te voy a pedir una cosa: no llores. Tú nunca llores por él, bonita, que ya lo hago yo por el resto. Disfruta de qué es saber que siente por ti... del mañana, ya hablaréis mañana. Mi error fue querer adelantarme en vez de cuidarle todo lo que yo sé cuidar a aquello que me late fuerte.
Sé feliz. Sé TODO lo feliz que él me hizo. Y dile “te quiero” SIEMPRE que lo sientas. Es de lo que más me arrepiento ahora que le echo de menos… que me reafirmo en la idea de querer haber dado TODO por estar a su lado...

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