lunes, 28 de noviembre de 2011

La enfermedad

Días antes de desencadenar la fiebre producida por la gripe, nosotros comenzamos a notar los síntomas de malestar: nos duele la cabeza, estamos resfriados, la garganta se nos resiente… intentamos ocultar los factores empeñados a eso de: “Mañana se nos pasará”. Pero llega mañana, y estás peor. Y, si hablamos de pasado, es el día que no puedes levantarte de la cama por tu temperatura tan elevada…
Con el desamor pasa igual (DES…amor. ¿Tú también lo notas? Es la primera vez que hablo con el prefijo…). El olvido decepcionante te va acechando poquito a poco: suena esa canción y las punzadas no son tan pronunciadas como semanas anteriores, oyes sus palabras y los escalofríos van a menos, lees sus letras ajenas y… te empieza a dar igual. Piensas que es imposible, que eso no te puede pasar a ti, y te encierras en creer que todavía mueres por estar a su lado.
Y llega. Llega el día en el que asumes que esa melodía ya no duele, que por mucho que lo intentes, las noches no se las lloras a él, que ya no hay lágrimas, que no esperas que vuelva y ni siquiera te levantas pensando en si hoy volveréis a cruzar algo más que pensamientos. Es duro afrontar la enfermedad del desamor (porque el desamor es eso... deshacer el amor), pero creo que con el medicamento necesario, se sale de ella. En esta, el tiempo.
Ahora que soy consciente de que tengo esta gripe, recuerdo todos esos llantos en los que le pedía al cielo o a no sé quién, la verdad, que me dieran la oportunidad de vivir sin amarle…
…joder, me lo han cumplido. Qué duro es saber que ya no sientes AMOR… que todo se cura con reposo y silencio…
Prefería enfermar queriéndole que vivir sana sin hacerlo.

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