lunes, 21 de noviembre de 2011

Mentira y arrastre

"¿Dónde, en qué momento, en qué palabra se deja de querer?
¿Dónde, en qué lugar, por qué razón se deja de sentir?"
Y ahora yo me despierto sola. Me acuesto sola. Y tengo malos días… y nadie me abraza.
Había un muro ante nuestros ojos que de miradas quemaba.
Al amanecer sentía mi lado izquierdo de la cama ardiendo, revuelto. Sabía que habías dormido a mi lado… sabía que habías sentido conmigo. Que justo el instante antes de emprender un viaje de estrellas con la noche, el último beso en forma de palabra que daba era para ti. Sólo para ti. Me gustaba saber que estabas a mi lado, soñando.
Se me atragantaban los gritos y silencios de una casa que a veces no es hogar. Tenía las maletas en corazón y corazón en las maletas. El pie que rozaba mi calle cada vez se sentía un paso más cerca de esas cicatrices que un día, tonta de mí, creía convertir en las líneas que podíamos recorrer juntos. Calles y más calles que no sonaban a melancolía, como diría Sabina, sino que sonaban a vida. Eran vida.
No conozco un rincón de Alicante que no hable de ti. Que no sepan a alivio cada vez que huía de esta casa. Eras mi refugio. Tenía miles de secretos aún por contarte y cientos de médicos por presentarte. Todo era más fácil si pensar en ti me iba curando.
Nunca te lo he dicho, pero me has leído entera cuando ni yo misma me había escrito.

Siento que un recuerdo se me va por cada lágrima, y espero que cada vez que sale y estalle contra el suelo, no vuelva otra vez a la mente. Pero no funciona. Quizás no soy tan fuerte como pensaba… y ahora que sólo me queda seguir, lo hago. Sigo...
...pero engañándome.
Y ya basta.

0 comentarios:

Publicar un comentario