Saturación, cansancio, tope, basta, fin… lo has llamado de mil formas. Lo has pedido de mil formas durante horas, días, meses. Mentiras eran las que te mordían la boca para evitarte ese grito de auxilio y, cuerpos pesados de no saber su origen desgarraban tus ansias.Inciertas ansias de querer deshacerte de un dolor que te estaba dando vida, Lucía. El miedo y pánico a desprenderte del único recuerdo de su persona te daba pavor y preferías llorarle las puñaladas que tú misma te provocabas a no sentir nada. Nada. Ni recuerdo, ni imagen, ni nada. Nada.
Te resignabas y luchabas. Contrariedades de las que te gustan. Resignarte a seguir. Luchar por seguir.
Y si hablamos de seguir, seguimos diciendo que sintiendo. Pero sólo dolor. Porque duele. Y ya no sabes el qué. Y te lo preguntas, pero no oyes la respuesta. Tampoco la hay.
Saturación, cansancio, tope, basta, fin pides a los 4 vientos. Tu boca es pequeña y no te esfuerzas por agrandarla. Tienes miedo de perder. De perder el único motivo que te alimenta: el dolor de no tenerle. Mientras siga latiendo de algún modo su respiración en tu cuerpo, seguirá latiendo la esperanza de tenerle al lado.
Y llega el día. Un 5, por ponerte el ejemplo. No hace sol y mucho frío… y la saturación, el cansancio, el tope, el basta y el fin te buscan. Te buscan porque te necesitan y cierran la puerta. Has llegado a la línea que evitabas cruzar… y esta vez no ha sido la cabeza. Ha sido tu propia experiencia y, tu amado tiempo, ese al que tanto te aferrabas.
Has comenzado a dejar de tirar una cuerda que no te llevaba a ningún lado. O esa cuerda te ha soltado a ti. Ahora, empiezas a encontrar destino. O el destino te busca. Empiezas a ver que no te duele porque te engañabas a una costumbre…
…empiezas a dejar de quererle así, de sentirle así, de latirte así… y no lo has pedido tú… te lo han pedido ellos…
…Saturación. Cansancio. Tope. Basta y Fin.
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