martes, 18 de octubre de 2011

Mentiras

Fue la imaginación quien marcó a fuego en mi piel aquel instante; una luz fantasmagórica en medio de millones de gotas de agua que desgarraban Alicante en jirones de locura (¿o eso también lo soñé?).
Sólo una imagen y decenas de colores que flotaban como hojas secas empujadas por el viento sin un sentido definido.

Estoy cansada de recrear aquello en mi mente, de falsear la realidad para perfilar sobre un espejo una sonrisa cuando me reflejo en él... Nada de eso ocurrió, no me subí a ninguna terraza para tocar las estrellas porque en esta inmensa y monótona ciudad no existen; ¿o sí? Miro hacia arriba y sólo encuentro edificios que se imponen en medio de un cielo que cada día está más lejos de mis pies... que no aguarda mi cabeza porque algo le arrebató ese poder tan preciado. ¿Qué me queda entonces? Ilusiones fabricadas de cosas imposibles.

Me miento cada día al asomarme al mundo y ver qué se oculta a mis ojos; siempre quiero pensar que la compañía-de-alguien (mi alguien) está demasiado ocupada para venir y sentarse a mi lado a escuchar mis miedo, mis temores... Otras veces pinto en el aire una terraza para que nadie llegue hasta ella y subo infinitas escaleras hacia el cielo para alcanzar la luz más potente que me vuelva a hacer temblar, pero nunca llego... los pasos entre la ilusión y la realidad tienen un principio, pero no un fin.

Llueve y las gotas deshacen cada dulce empeño que sale de mis poros, todas ellas intentan mentirme a cada paso que doy, quieren nublarme la vista con imágenes que amenazan los recuerdos que encerré en mi quebradiza memoria. Quiero intentar espantarlas, agito los brazos con violencia como si intentara escapar de millones de motas de polvo asesinas... todo es en vano.

Te mientes, Lucía. Y lo peor, es que te empieza a dar igual si fue verdad.

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