Cientos de pitidos retumban a mis espaldas pero, ninguno es capaz de parar el tráfico como tu risa mi respiración. Por la ventanilla diviso a ese hombre que alza la voz para que arranque, y mi mirada le contesta arrancándole las razones por acelerar. Que no acelero. Que me detengo. He aprendido a mitad del camino que mis ruedas sólo ruedan una película en la que tú y yo somos protagonistas. Tú y yo. Pero sin mí. Pisar un asfalto negro repleto del alquitrán que un día dejé de empezar a fumar para matarme sólo contigo. Pero todavía sigo viva entre las caladas de tus suspiros. Todavía sigue vida. Y este humo no asesina.Mis pies se han convertido en caricias y mis pisadas de pedal en ganas de recorrer tu espalda. Que yo corro. Yo corro si el acelerador proviene de tus ansias por (re)quererme. Requerirme. Acelérame y pasa de 200, este radar hace la vista gorda. Mete segunda y empecemos a ser dos. Yo meto primera y primera persona del plural cada vez que hable de ti y de mí. Todavía oigo esos claxon de los conductores que no han aprendido que, conducir, sólo tiene sentido si es por tu vida. Por fin tengo el semáforo en verde pues así lo pinté con mi esperanza, pero ellos, no son capaces de ver que esta carretera ya no tiene señales de stop…
...sólo tiene las que yo te mando…
0 comentarios:
Publicar un comentario