sábado, 1 de octubre de 2011

Silencio

He asumido, después de un largo tiempo, que morderme la lengua y tragarme todo el dolor no es el mejor método para avanzar. Las palabras están hechas para ser vistas, leídas, escuchadas, no para quedarse grabadas en tus entrañas donde tú, cual avariciosa, las monopolizas a tu mando. Y, menos aún, si esas frases golpean de un lado a otro por tu interior haciendo un ruido que, sin querer, acabas mostrándolo en lágrimas.
Llorar no es malo. Llorar no es malo cuando llorar no es rutina.

Tengo todo eso que quiero decirte metido en sacos de silencio. Pero poco a poco van tomando forma acústica (la tinta también suena, hazme caso) por un cuaderno cuadriculado que me acompaña mis días. Este recurso no es la solución, pero sí es una resolución y, mientras yo siga siendo tan cobarde y tú sigas siendo tan tú, esas palabras seguirán siendo en hojas.
Naranja, con las tapas blandas es mi libreta (qué rara, las evito así). Viaja dentro de un bolso que pasea en autobús, camino al instituto, al dentista, cuando bajo de compras, voy a clase, en los recreos… cuando llego a casa, al lado de mi almohada, delante del PC, detrás de la silla, después de despertar, antes de dormir… siempre, siempre me acompaña. Siempre, siempre, tengo algo que decirte.
Hay esquinas de papel que, como detalle, te cuento mi sonrisa porque me acaban de recordar a ti con un gesto en medio de la calle. O una canción que sonaba de un coche. O también te digo que te he añorado porque me has hecho falta al cruzar un semáforo que me daba miedo y no me he atrevido a contártelo. Más o menos. Más que más, en realidad.

He pasado toda mi luna entre hojas, papeles, tapas naranjas, tinta azul y palabras que nunca te dije. Nunca te he dicho. No es que un gesto me llevara a ti o una canción te hiciera forma. Menos aún que tuviera miedo al pasar un semáforo… es que, directamente, eras tú el que me estaba recordando a todo lo demás de mi vida.
Mi llanto era más jodido que el de ayer. Incluso yo misma pensaba que me estaban matando o algo así… y probablemente, puede ser que sea de ese modo… el silencio asesina.
Hoy, al repasar mi noche entre líneas, me he dado cuenta de que, esta madrugada del 30 se repetía constantemente una pregunta:
“¿Por qué…?”

Pero tampoco hoy me las vas a contestar. Tampoco tú sabes las respuestas.

Seguiré escribiéndote.

0 comentarios:

Publicar un comentario