miércoles, 20 de julio de 2011

Dudas y deudas


El reloj a mis espaldas y el calendario ante mis ojos. Cae la hoja temida y sumamos Junio y medio a mis pasos contados.
Es extraño tocarme la piel y tenerla helada. Faltan caricias, pienso. Faltan besos en estos labios que hace días no articulan palabra por contarte tus silencios. Pero, detrás de mí y junto a esas horas que se van, sobran motivos y también, días oscuros.
Rozamos el verano y ya voy sintiendo el frío que deja la ausencia. El aire sopla fuerte entre los recuerdos y, aunque no es capaz de borrar cuánto te quiero, sí elimina mis esperanzas y arrasa la ilusión que formaba el suelo que se disponía a recoger mi caída. A veces me hago mil preguntas y tengo mil porqués tatuados en mis manos a punto de escribírtelos, pero ya ves, una sonrisa solventa mis dudas y el abrazo que te doy al pasar mi mirada por tu voz me es suficiente para agarrarme a ti.
Agarrarme a esta tierra que se abre.
Tengo frío, mucho frío. Hace tiempo que no siento tu abrigo, ese que me arropaba de las tormentas y me daba la luz cuando el sol se escondía. No te culpo, seguramente sea yo quien se despoje de esas ropas y salga caminando hacia la lluvia sin protección.
Recibo encogida a Julio y, siendo el mes que más permanencia de rayos tiene…
… mi tarde es la más larga.
Por mi panza ya no vuelan mariposas, ahora habita el miedo. Se mueve por todo mi cuerpo y llega a mis ojos. Con un poco de suerte, cuando lloran, en el cielo llueve y todo parece mucho más sencillo.
Más disimulado.
El reloj sigue marcando segundos, minutos, semanas, vidas y el calendario escupe las hojas. Hay cosas que no cambian aunque todo cambie.
Julio entra por la ventana y, sin embargo, mi sentimiento empieza a salir por la puerta.
Te lo reconozco, mi temor es saber que, esta vez, pretende cerrarla para siempre.

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