viernes, 1 de abril de 2011

Blanca y Lucía: mi milagro

Cerré fuerte los ojos para no cegarme en la oscuridad y salté, como furtiva del fuego, cada tramo de dolor que mis pies notaban.
Anochecía al alba y, con sonrisas que recordaba de otras vidas, le rogaba a ese dios que no creo un milagro. Ignorancia de cuál y cómo… sólo aquél que me hiciera sentir mi propia mirada.
Y se abrieron.
Mis ojos se abrieron para tomar sentido con cada pestañeo en el reflejo de vuestras pupilas.
Sentí un resplandor, el camino, un fuego que avivaba llamas de querer y unos pies afianzados a seguir… para adelante.
Bienvenido al alba que, sin dejar de sonreír, me había hecho recuperar la vida.
Nacisteis con la luz. Y a mí, me hicisteis nacer con vuestra presencia.
Sois el milagro que ansiaba. Milagro, eso es. Eso sois. Eso me hacéis.
No dejéis de mirarme. De vivirme.

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