Cerré fuerte los ojos para no cegarme en la oscuridad y salté, como furtiva del fuego, cada tramo de dolor que mis pies notaban.
Anochecía al alba y, con sonrisas que recordaba de otras vidas, le rogaba a ese dios que no creo un milagro. Ignorancia de cuál y cómo… sólo aquél que me hiciera sentir mi propia mirada.
Y se abrieron.
Mis ojos se abrieron para tomar sentido con cada pestañeo en el reflejo de vuestras pupilas.
Sentí un resplandor, el camino, un fuego que avivaba llamas de querer y unos pies afianzados a seguir… para adelante.
Bienvenido al alba que, sin dejar de sonreír, me había hecho recuperar la vida.
Nacisteis con la luz. Y a mí, me hicisteis nacer con vuestra presencia.
Sois el milagro que ansiaba. Milagro, eso es. Eso sois. Eso me hacéis.
Anochecía al alba y, con sonrisas que recordaba de otras vidas, le rogaba a ese dios que no creo un milagro. Ignorancia de cuál y cómo… sólo aquél que me hiciera sentir mi propia mirada.
Y se abrieron.
Mis ojos se abrieron para tomar sentido con cada pestañeo en el reflejo de vuestras pupilas.
Sentí un resplandor, el camino, un fuego que avivaba llamas de querer y unos pies afianzados a seguir… para adelante.
Bienvenido al alba que, sin dejar de sonreír, me había hecho recuperar la vida.
Nacisteis con la luz. Y a mí, me hicisteis nacer con vuestra presencia.
Sois el milagro que ansiaba. Milagro, eso es. Eso sois. Eso me hacéis.
No dejéis de mirarme. De vivirme.

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