sábado, 12 de marzo de 2011

¿Por qué entonces el amor nos hace la guerra?

 “De lo que tengo miedo es de tu miedo…” (William Shakespeare)
Me toco el corazón y siento cómo lates. Hoy te vuelvo a llorar, pero es diferente. Lo juro. Empiezo a necesitar creer que es cierto aquello que un abismo de cordura me trajo al pensamiento: “Lo bueno es quererse. Tenerse”. Con sonrisa incluida, claro –puestos a pedir, la tuya-.
Tengo un cuerpo pequeño para un mundo tan grande que no deja de girar –no me ubico si no me coges de la mano-. Quién me iba a decir a mí que, detrás de mis espaldas, tendría más de dos mil razones que me pegarían en la boca rompiéndome los labios.
Y, como tal, impidiendo besarte.
Las ganas no son suficientes cuando el miedo apodera tus noches, claro –puestos a pedir, que no sean las tuyas-.
No me llames valiente, si de verdad lo fuera, habría salido corriendo detrás de ti la tarde que derramamos lágrimas en la palabra IMPOSIBLE.
IMPOSIBLE, esta vez, tuyo y mío. Y puestos a pedir… ya sabes.
Me duele, no te lo niego. No me lo niegues, te duele.
Busco la mejor espada para lidiar batalla tan dañina. No, esta vez no (te) recurro a Shakespeare -“Más batallas se han ganado con la sonrisa que con la espada”-… la sonrisa no sirve.
SIEMPRE HAY MÁS.
Aunque yo creyera que, con querernos, triunfábamos en la lucha.

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