Me gustaba cuando estaba triste con la luz del cielo y escribía. O cuando escribía y estaba triste con la luz del cielo… que no es lo mismo, pero es igual. Tengo de fondo a un Miguel Campello que entre guitarras me dice que tus labios me parecen los mismos y que a mí, en cambio, me dio por cantar.
Y quizás es eso lo que he hecho en este tiempo: cantar. Cantar mis pasiones a las mañanas, cantar mis emociones a las tardes, cantar a la vida que vivo (y tus labios permanecen por otras bocas, pero ya no me importa, lo juro). No he escrito en público, pero he cantado en (mi) intimidad. Claro que he cantado. Cuando sale el sol, cuando se pone, cuando se quiere ir… pero por las noches, cuando no está, no. Y prometo que no era por despertar al resto… sino por no alzar de la cama a esa anestesia que ocupaba durante el día mi felicidad. O mi estabilidad, llámalo así. Creo que también necesito para mí ese rato de dolores, de sufrimientos, de visiones al pasado impregnados en letras sin ser escritas. Ahí cantaban mis silencios (los requería). No es masoquismo, ni X siquiera como diría Kira… tómalo como parte de la supervivencia. De la vivencia.
Navegando por mi llanto, he aprendido las mejores cosas que dibujo sobre papeles. Aún están por el suelo, sí, porque me encanta caer… siempre acabo levantándome. Tierra firme no es tan jodida como creemos: siempre podemos sembrar un futuro de esperanza.
Yo sembré.
Y sembré.
Y volví a sembrar en el intento.
Y mientras veía pasar por mis tierras las primaveras, los otoños y los veranos, vino un invierno donde vi florecer algo bonito.
Esta vez, es muy bonito (y muy Febrero).
Tanto, que me hace cantar…
…por las mañanas, al mediodía, por las tardes.
Y por las noches, lloro…
…porque aún sigo queriendo escribir(os). Esta vez sí. Gracias por no iros.
Y quizás es eso lo que he hecho en este tiempo: cantar. Cantar mis pasiones a las mañanas, cantar mis emociones a las tardes, cantar a la vida que vivo (y tus labios permanecen por otras bocas, pero ya no me importa, lo juro). No he escrito en público, pero he cantado en (mi) intimidad. Claro que he cantado. Cuando sale el sol, cuando se pone, cuando se quiere ir… pero por las noches, cuando no está, no. Y prometo que no era por despertar al resto… sino por no alzar de la cama a esa anestesia que ocupaba durante el día mi felicidad. O mi estabilidad, llámalo así. Creo que también necesito para mí ese rato de dolores, de sufrimientos, de visiones al pasado impregnados en letras sin ser escritas. Ahí cantaban mis silencios (los requería). No es masoquismo, ni X siquiera como diría Kira… tómalo como parte de la supervivencia. De la vivencia.
Navegando por mi llanto, he aprendido las mejores cosas que dibujo sobre papeles. Aún están por el suelo, sí, porque me encanta caer… siempre acabo levantándome. Tierra firme no es tan jodida como creemos: siempre podemos sembrar un futuro de esperanza.
Yo sembré.
Y sembré.
Y volví a sembrar en el intento.
Y mientras veía pasar por mis tierras las primaveras, los otoños y los veranos, vino un invierno donde vi florecer algo bonito.
Esta vez, es muy bonito (y muy Febrero).
Tanto, que me hace cantar…
…por las mañanas, al mediodía, por las tardes.
Y por las noches, lloro…
…porque aún sigo queriendo escribir(os). Esta vez sí. Gracias por no iros.

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